El Scuf Omega promete ser el mando definitivo para PS5: ergonómico, con botones traseros y personalización total. Sin embargo, tras semanas de uso, aparecen grietas en los laterales y los gatillos fallan. Por 220 dólares, el jugador espera durabilidad, pero recibe un producto con piezas frágiles que se activan por accidente al agarrarlo con fuerza.
Obsolescencia programada con etiqueta de gama alta 💀
El diseño del Omega incorpora plásticos de bajo coste en puntos críticos como los agarres laterales y los botones paddles. Las bisagras de los gatillos no tienen refuerzo metálico, y los resortes internos son idénticos a los de mandos de 40 euros. La carcasa se deforma con el calor de las manos. Scuf sabe que un mando para competitivo se usa a diario, y fabrica componentes que fallan justo al año, cuando expira la garantía básica.
La garantía que existe solo en el manual de instrucciones 🔧
Si reclamas, Scuf te dirá que los gatillos rotos son desgaste normal, como si tu pulgar fuera una lima. Amazon borra las reseñas de una estrella, así que el mando parece perfecto hasta que lo abres. Y ojo, porque pagar 220 euros por un mando que se deshace como un flan de plástico no es un error: es el plan de negocio. La próxima vez, cómprate dos mandos de 40 euros y un seguro de vida para el que sobreviva.