La labor de Asleuval con pacientes oncológicos es encomiable, pero revela una grieta en el sistema: cubren apoyo psicológico y nutricional que el sistema público de salud debería garantizar como derecho básico. Delegar la atención emocional en asociaciones privadas no es solidaridad social, es una renuncia administrativa que carga sobre voluntarios lo que debería ser un servicio financiado con presupuestos propios y transparentes.
El coste oculto de delegar la humanidad en terceros 💔
La gestión sanitaria actual fragmenta la atención: trata el tumor pero ignora la ansiedad o la desnutrición del paciente. Integrar equipos multidisciplinares de psicólogos, nutricionistas y trabajadores sociales en hospitales públicos no requiere tecnología punta, solo voluntad política y reasignación de partidas presupuestarias. Mientras las subvenciones temporales a fundaciones sean la norma, el sistema no mide resultados ni garantiza continuidad; externalizar lo humano es tan eficiente como poner parches a una tubería rota.
La hipocresía de aplaudir al voluntario mientras se desentiende la administración 😤
Es curioso: al sistema público le sobra presupuesto para campañas de imagen y le falta para pagar psicólogos. Así que mientras un paciente espera meses por una cita con el oncólogo, una asociación le ofrece un café y un abrazo terapéutico. No es que las fundaciones sobren, es que la sanidad pública parece pensar que el cáncer solo duele de lunes a viernes en horario de mañana. El resto del tiempo, que lo cubra la caridad.