En el sur de Colombia, el Parque Arqueológico de San Agustín alberga más de 500 esculturas monumentales talladas en piedra volcánica. Estas figuras, que representan seres híbridos entre humanos, jaguares y aves, fueron creadas por una cultura que desapareció siglos antes de la llegada de los españoles. Los arqueólogos aún debaten si eran dioses, chamanes o simples vecinos que posaron para la posteridad. Lo cierto es que nadie sabe a ciencia cierta qué rituales se celebraban allí, ni por qué abandonaron sus herramientas.
Escaneo 3D y datación: la tecnología contra el misterio de las rocas 🏛️
Equipos del Instituto Colombiano de Antropología e Historia han aplicado fotogrametría digital para modelar en 3D cada estatua sin tocarlas, preservando detalles de erosión y talla. El análisis de isótopos de carbono en restos orgánicos asociados a las bases de las esculturas ha permitido datar su construcción entre los años 100 y 900 d.C. Sin embargo, la humedad de la región y la falta de registros escritos complican la identificación de los pigmentos originales. La tecnología actual puede medir el desgaste, pero no descifrar el significado de una figura con dos cabezas y colmillos de felino.
Los vecinos de San Agustín: entre el orgullo y el miedo a que las estatuas cobren vida ⚡
Los habitantes de San Agustín ya están acostumbrados a que los turistas se tomen selfies con el Guardián del Templo, una estatua de cuatro metros. Lo que no les hace tanta gracia es cuando, después de una tormenta eléctrica, algún visitante jura que la figura parpadeó. Por ahora, la comunidad prefiere centrarse en vender artesanías y café, y dejar las interpretaciones místicas a los youtubers de misterio. Al fin y al cabo, si esos seres híbridos despertaran, lo primero que pedirían sería un cargador para el celular.