Un hospital privado de Galicia impone el uso de un robot quirúrgico de alta tecnología para atender a pacientes de la sanidad pública. La medida, lejos de ser un avance, evidencia la dependencia del Sergas de concesiones externas para ofrecer cirugías de precisión. Mientras los centros públicos carecen de este equipamiento, el sistema perpetúa una desigualdad que beneficia a las clínicas privadas con contratos públicos.
Tecnología robótica: externalización que frena la inversión pública 🤖
El robot Da Vinci, valorado en más de dos millones de euros, permite cirugías mínimamente invasivas con alta precisión. Su uso en un hospital privado para pacientes públicos no soluciona el déficit estructural del Sergas, que sigue sin adquirir equipos propios. La externalización de servicios avanzados como este impide que los hospitales públicos desarrollen unidades estables de cirugía robótica. La solución pasa por que el Sergas compre directamente estos robots, garantizando equidad en el acceso sin intermediarios que encarezcan el servicio.
El robot de usar y tirar: público paga, privado cobra 💸
O sea, que el paciente público viaja a una clínica privada para que un robot carísimo le opere, mientras el hospital de su zona sigue con quirófanos de los 80. Es como pedir un taxi para ir a casa de un vecino porque el tuyo no tiene ascensor. Lo mejor es que la factura la paga el Sergas, claro. Así que la próxima vez que alguien hable de innovación en la sanidad pública, que recuerde: el robot no es suyo, es de alquiler. Y el que ríe último es el privado.