La Ronda Urbana Norte ha perdido uno de sus nuevos radares de velocidad, tras ser robado y posteriormente quemado por desconocidos. Este equipo, instalado para reducir el exceso de velocidad, ha quedado totalmente destruido. La ciudadanía pierde un elemento clave para la seguridad vial, mientras el retraso en el control de tráfico y el costo de reparación golpean el presupuesto público. El acto vandálico perjudica directamente a conductores y peatones que dependen de estos sistemas para circular con mayor seguridad.
El coste técnico de un radar quemado 🔥
Estos radares emplean tecnología de radar Doppler o LIDAR para medir la velocidad de los vehículos. Su funcionamiento se basa en emitir ondas de radio o pulsos láser que rebotan en los automóviles. La destrucción del equipo implica no solo la pérdida del hardware, que incluye sensores, cámaras y sistemas de procesamiento de datos, sino también la necesidad de reinstalar y recalibrar todo el sistema. El vandalismo añade un gasto imprevisto a las arcas municipales, retrasando la instalación de otros dispositivos similares en la zona.
El radar que se tomó vacaciones forzadas 😅
Parece que al radar le dieron unas vacaciones no solicitadas, pero con final explosivo. Alguien decidió que la mejor forma de evitar una multa era convertir el dispositivo en una fogata urbana. Ahora, los conductores que antes frenaban al verlo pueden acelerar sin miedo... hasta que llegue el siguiente. Eso sí, el presupuesto para reponerlo saldrá de los impuestos de todos, incluidos los del pirómano, si es que paga alguno.