El gobierno británico ha anunciado la compra de chips de inteligencia artificial a startups locales, supuestamente para evitar que empresas extranjeras, sobre todo de EE.UU. y Japón, se hagan con su tecnología. La medida busca retener la industria tecnológica garantizando ingresos a estas jóvenes compañías. Sin embargo, bajo este gesto de patriotismo industrial se esconde una realidad menos heroica.
El rendimiento de los chips y el coste oculto para el contribuyente 💷
Los chips adquiridos no compiten en prestaciones con los de Nvidia o AMD, líderes del mercado. Al no encontrar compradores privados, las startups recurrieron al Estado como cliente forzoso. Los procesadores se instalarán en servidores públicos que no requieren tanta potencia, generando un gasto ineficiente con dinero de los contribuyentes. Además, el gobierno impondrá cláusulas de confidencialidad para ocultar el precio real, muy superior al valor de mercado.
Nacionalismo tecnológico: la excusa perfecta para subvencionar a colegas 🤝
El plan es simple: mientras los fundadores esperan la edad de jubilación para vender la empresa a inversores extranjeros, el contribuyente financia su I+D con sobreprecios. Lo llaman retener la industria, pero suena más a rescate de startups que no lograron vender sus chips ni en el mercadillo. Al final, la mejor forma de competir no es comprarse a uno mismo, sino ser competitivo. Pero eso no da titulares ni subvenciona a amigos del gobierno.