La sociedad aplaude la financiación de estudios con psilocibina que devuelven el habla temporal a una anciana con demencia, mientras reduce presupuestos en atención geriátrica y cuidados paliativos. Se prioriza lo experimental sobre lo esencial, y miles de mayores carecen de geriatras o residencias dignas. La hipocresía es evidente: emociona lo novedoso, pero se ignora el día a día del paciente.
Desarrollo técnico: ¿innovación sin base asistencial? 🧠
Los ensayos con psilocibina requieren entornos controlados, dosis precisas y personal especializado para monitorizar efectos en pacientes con demencia avanzada. Sin embargo, esta infraestructura no se traslada a la atención diaria. Faltan geriatras en hospitales, residencias con ratios adecuados y programas de formación para cuidadores. La tecnología farmacológica avanza, pero el sistema de cuidados de larga duración sigue siendo un agujero negro. Invertir en lo uno sin lo otro es construir castillos en el aire.
La abuela se calla, pero la moda del microdosing no 🍄
Así que la señora María habla dos frases gracias a los hongos mágicos y todos aplauden. Pero luego vuelve a su residencia donde la atiende una trabajadora que cubre tres plantas sola y cobra como si cuidara plantas. Lo novedoso vende, lo rutinario aburre. Mientras, los famosos influencers del bienestar se microdosifican setas para ser más creativos, mientras los cuidadores se dosifican café para no dormirse. Hipocresía, que llaman.