La propuesta británica de vetar el acceso a redes sociales a menores de 16 años evita el problema real. No se regula a las plataformas que diseñan algoritmos adictivos para todos, ni se invierte en educación digital. Culpar a los jóvenes mientras las tecnológicas siguen lucrando con su atención es una hipocresía que no soluciona nada.
La transparencia algorítmica como asignatura pendiente 🧠
La solución técnica pasa por dos vías. Primero, exigir a las compañías la publicación de sus modelos de recomendación y los parámetros que priorizan el engagement sobre el bienestar. Segundo, integrar desde primaria una asignatura de alfabetización mediática que enseñe a identificar patrones adictivos, sesgos y técnicas de persuasión. Sin esto, cualquier veto es solo un cortafuegos que no ataca la raíz del problema.
La genial idea de culpar al niño por el negocio del adulto 🍭
Es como prohibir las chuches a los niños pero dejar la tienda abierta y al dueño feliz facturando. Los políticos británicos, en su sabiduría infinita, prefieren poner puertas al campo digital mientras los algoritmos siguen diseñados para enganchar a cualquiera. Menos postureo y más enseñar a pensar antes de que el scroll nos trague a todos.