Polestar y la Universidad de Oxford han unido fuerzas para una investigación científica que busca determinar si los coches eléctricos pueden generar placer al volante. Mediante el análisis de la actividad cerebral y datos físicos de pilotos en circuito, el estudio pretende medir la emoción real que produce la conducción. El objetivo es utilizar estos hallazgos para ajustar la respuesta del acelerador y el sonido artificial de los futuros modelos, demostrando que los eléctricos también pueden tener alma.
Ciencia aplicada al diseño de la conducción 🧠
El estudio monitoriza ondas cerebrales, ritmo cardíaco y respuestas galvánicas de la piel mientras los pilotos recorren un trazado. Los datos se cruzan con sensaciones subjetivas reportadas por los conductores. Polestar planea aplicar estos patrones neurológicos para refinar el mapeo del acelerador, buscando una entrega de potencia más intuitiva y emocionante. También se analiza la frecuencia y el tono del sonido artificial, con el fin de crear una experiencia acústica que refuerce la percepción de velocidad sin caer en imitaciones de motores de combustión.
El cerebro dice sí, el vecino dice no 😅
Todo muy científico, hasta que el conductor se emociona tanto con el nuevo sonido artificial que acelera en un semáforo y el vecino de la acera le grita que si no tiene marchas es porque algo falta. Pero no pasa nada: los investigadores de Oxford ya estarán tomando nota de esa respuesta emocional para la siguiente fase del estudio. Al fin y al cabo, la próxima generación de eléctricos promete ser tan excitante que hasta el cerebro lo notará, aunque la cartera del comprador aún no esté tan convencida.