Durante el festival de animación de Annecy, Pixar desveló dos proyectos que marcarán su próximo año. Gatto, un largometraje ambientado en Venecia, sigue a un gato callejero con una estética inspirada en las pinceladas de Van Gogh. Por otro lado, el corto Loving Dory muestra a la famosa pez enamorándose de una bolsa de plástico, una crítica directa a la contaminación humana. Ambas propuestas prometen un entretenimiento familiar con mensajes ambientales.
El motor técnico tras la pincelada digital de Gatto 🎨
Para lograr el efecto pictórico de Gatto, Pixar ha desarrollado un nuevo sistema de renderizado que simula la textura del óleo sobre lienzo. El equipo de I+D ha creado un algoritmo que replica las pinceladas gruesas y los patrones de luz característicos de Van Gogh, aplicándolos a modelos 3D sin perder la fluidez del movimiento. Esto supone un avance en la representación de estilos artísticos históricos dentro de la animación por computadora, combinando técnicas de machine learning con la simulación física de materiales.
Dory descubre que el amor por el plástico no es reciclable 🐟
En Loving Dory, la entrañable pez se obsesiona con una bolsa de supermercado, confundiéndola con un ser de su misma especie. La trama es tan triste como hilarante: mientras Dory intenta cortejar al objeto inerte, los humanos de fondo tiran más basura al océano. Pixar nos recuerda que, aunque el amor es ciego, la contaminación no lo es. Eso sí, al menos la bolsa no le hará ghosting.