La tregua geopolítica se celebra cuando baja el precio del combustible, pero la dependencia del petróleo sigue intacta. Mientras la sociedad aplaude el alivio económico temporal, el coste humano de los conflictos queda en segundo plano. Es una contradicción aceptar migajas sin exigir un cambio estructural hacia energías limpias y soberanas que rompan ese vínculo perverso entre la paz mundial y el bolsillo del consumidor.
Transición energética: la oportunidad que se esfuma cada tregua ⛽
Los momentos de distensión geopolítica ofrecen una ventana para acelerar la transición energética con inversiones públicas en transporte colectivo y renovables. Sin embargo, los gobiernos suelen aprovechar la bajada del crudo para recortar subsidios verdes en lugar de multiplicarlos. Instalar paneles solares, electrificar flotas de autobuses o construir redes de carga no requiere petróleo, sino voluntad política para desacoplar la economía de la volatilidad de los barriles y los conflictos que los acompañan.
Celebremos la paz... hasta que suba la gasolina 🕊️
Es curioso: cuando hay una tregua, el noticiero abre con el precio del diésel y cierra con los muertos en la guerra. La sociedad parece más preocupada por el bolsillo que por la sangre derramada. Si la paz solo vale lo que ahorramos en el surtidor, quizá deberíamos instalar un medidor de conciencia junto al del combustible. Total, mientras el petróleo siga mandando, la próxima crisis energética será solo cuestión de tiempo.