El Consejo Nacional de Resistencia de Irán denunció que París prohibió de último momento una manifestación contra las ejecuciones en Irán, alegando razones falsas. Este hecho evidencia que, incluso en democracias, la libertad de reunión y expresión puede verse afectada cuando las autoridades priorizan el orden público o intereses políticos sobre el derecho a protestar contra violaciones de derechos humanos.
Censura algorítmica: cómo las ciudades gestionan el descontento 🤖
París emplea sistemas de videovigilancia y análisis predictivo para evaluar riesgos en manifestaciones. Estos algoritmos procesan datos de movilidad, redes sociales y eventos previos para clasificar protestas como de alto riesgo. La decisión de cancelar la marcha iraní se basó en un informe técnico que señalaba posibles altercados, aunque la oposición lo califica de pretexto. La tecnología, diseñada para proteger, se convierte en herramienta de control cuando filtra voces críticas.
Prohibido protestar, pero puedes comprar un croissant en paz 🥐
Resulta que en París puedes quejarte del precio del café en una terraza, pero no de las ejecuciones en Irán. La libertad de expresión tiene cláusulas: funciona siempre que no moleste a los dueños de las terrazas o al alcalde. Si quieres protestar, mejor hazlo en silencio y con una baguette bajo el brazo. Al fin y al cabo, el orden público es sagrado, sobre todo si hay elecciones cerca.