El reciente nombramiento de dos ex altos cargos del anterior gobierno en consejos de administración públicos ha reabierto el debate sobre la falta de renovación en la gestión de recursos. Se repite el patrón de colocar a leales del partido en lugar de abrir paso a técnicos o ciudadanos independientes, perpetuando el clientelismo. Este movimiento contradice el discurso de transparencia y cambio, evidenciando que las puertas giratorias siguen girando para los de siempre.
Cómo un algoritmo de selección evitaría el amiguismo en los consejos 🤖
La solución técnica pasa por implementar procesos de selección objetivos y auditables. Un sistema de puntuación basado en méritos (formación específica, experiencia en el sector, publicaciones técnicas) y no en afinidades políticas, permitiría filtrar candidatos. Plataformas abiertas con currículos verificables y pruebas anónimas, similares a las usadas en oposiciones tecnológicas, eliminarían el sesgo. El código del algoritmo debería ser público, garantizando que el criterio de selección sea la capacidad, no el carnet del partido.
El club de los mismos: donde la meritocracia es un rumor lejano 😒
Es reconfortante saber que, para gestionar lo público, la mejor cualificación sigue siendo haber cenado con el jefe del partido. Mientras, los ciudadanos observan cómo se premia la lealtad por encima de saber leer un balance. Quizás lo próximo sea pedir el carnet de socio para acceder al parque. Al menos, si van a reciclar políticos, que usen papel reciclado y no nuestro dinero. La transparencia brilla por su ausencia, pero el vínculo entre amigos sigue más fuerte que nunca.