Dormir bien y hacer ejercicio no solo mejora tu estado físico, sino que reduce el riesgo de enfermedades cardíacas provocadas por mutaciones genéticas en las células inmunes. Estas mutaciones, comunes en mayores de 70 años, aumentan la inflamación y el peligro de infartos. La ciencia confirma que un buen descanso y actividad moderada pueden contrarrestar estos efectos hereditarios.
La biología detrás de la inflamación y la reparación celular 🧬
Las mutaciones en células madre hematopoyéticas generan clones que promueven inflamación crónica, acelerando la aterosclerosis. El ejercicio regula la expresión de genes inflamatorios y el sueño profundo activa la glía linfática, eliminando desechos metabólicos. Ambos hábitos reducen la señalización de NF-kB, una proteína clave en la respuesta inflamatoria. En ratones, la actividad física disminuyó un 30% la expansión de estos clones mutantes.
El infarto perfecto: descansado y en buena forma 😅
La buena noticia es que, si tu genética decidió que un infarto es inevitable, al menos puedes elegir que te pille bien descansado y con el cardio al día. Nada como sufrir un paro cardíaco luciendo unos buenos niveles de VO2 máximo. Los estudios sugieren que, con sueño reparador y ejercicio, el ataque será más llevadero. O, como mínimo, llegarás al hospital con mejor aspecto.