En la base de las murallas de Tarragona descansan bloques de piedra de hasta seis metros de largo, encajados sin argamasa. Nadie sabe a ciencia cierta quién los colocó ni cómo. Son anteriores a la llegada de Roma, y su método de construcción sigue siendo un misterio que los arqueólogos no logran resolver con las herramientas actuales.
Tecnología perdida: el arte de encajar piedras sin cemento 🏛️
La técnica empleada es un desafío para la ingeniería moderna. Los bloques, de varias toneladas, se ensamblan con una precisión milimétrica, sin necesidad de mortero. Se cree que los íberos locales, antes de la conquista romana, usaron rampas, palancas y un conocimiento empírico de la estática. No hay registros escritos ni herramientas que expliquen el transporte y la colocación de estos megalitos. Algunos apuntan a un sistema de rodillos y planos inclinados, pero la escala de la obra sugiere una organización social y técnica que aún se nos escapa.
Spoiler: los romanos tampoco sabían cómo lo hicieron 🤷
Cuando llegaron las legiones romanas, se toparon con estos muros y, en lugar de derribarlos, los usaron como cimientos. Vamos, que ni ellos, con toda su ingeniería de acueductos y calzadas, se atrevieron a tocarlos. Debieron pensar: esto no lo movemos ni con la Legión X. Así que, mientras discutimos si usaron grúas de madera o ayuda extraterrestre, los muros siguen ahí, riéndose de nosotros y aguantando el tipo mejor que muchos edificios modernos.