La venta de figuras de acción de políticos refleja una tendencia social donde el descontento se expresa mediante la compra simbólica. Adquirir un muñeco de un gobernante permite al ciudadano sentirse crítico sin salir de su zona de confort. Este gesto no presiona a los gobernantes ni altera las estructuras de poder. Mientras nos entretenemos con estos objetos, la corrupción y la pobreza continúan sin solución real.
El diseño técnico del muñeco: un proceso que replica la inacción 🛠️
La fabricación de estos artículos implica modelado 3D, inyección de plástico y pintura al detalle. Cada pieza requiere escaneo facial del político y ajustes de proporciones para lograr parecido. El proceso técnico es preciso, pero su función final es decorativa. No hay sensores, conectividad ni interactividad que permita al usuario canalizar su crítica hacia algo útil. Es tecnología aplicada a un objeto que no resuelve problemas, solo los representa en una estantería.
¿Por qué no fabrican un muñeco que rinda cuentas? 🤔
Sería interesante que el muñeco incluyera un botón que, al presionarlo, enviara un reclamo formal al congreso. O que al girarle la cabeza emitiera un informe de gastos públicos. Pero no. Prefieren que solo mire fijo desde el mueble, como hace el original. Así, mientras el político de plástico no habla, el de carne y hueso tampoco lo hace. Al menos ambos son igual de útiles para cambiar el país.