Bobby Prince, compositor de las bandas sonoras de Doom y Wolfenstein 3D, falleció a los 81 años. Su música marcó a toda una generación de jugadores y ayudó a definir el género de disparos en primera persona. Para la ciudadanía, esto significa la pérdida de un creador que influyó en el entretenimiento digital y la cultura popular. Su legado sonoro sigue vivo en juegos clásicos que aún se disfrutan.
El motor de audio que rompió barreras técnicas 🎹
Prince trabajó con el motor gráfico de id Software cuando los PCs apenas podían con MIDI. Para Doom, compuso pistas que sincronizaban con la acción usando un sistema de estados: al detectar un monstruo, la música cambiaba de exploración a combate. Esto era novedoso en 1993. Además, sampleó guitarras distorsionadas de un sintetizador Roland SC-55, logrando un sonido agresivo sin ocupar más de 4 MB de RAM. Su método artesanal demostró que la limitación técnica no es excusa para la falta de intensidad.
El hombre que hizo que disparar a un ciberdemonio fuera épico 🤘
Ahora, cada vez que oigas el riff de E1M1, recordarás que un señor mayor, con gafas y probablemente en zapatillas, decidió que la banda sonora del infierno debía sonar a heavy metal de garaje. Y funcionó. Prince logró que matar demonios con una escopeta recortada tuviera más ritmo que un concierto de AC/DC. Lo triste es que su música seguirá sonando, pero ya no tendremos a nadie a quien culpar cuando se nos meta en la cabeza el tema de Knee-Deep in the Dead.