La propuesta del gobierno de Javier Milei de permitir empresas operadas sin trabajadores humanos expone una contradicción brutal en un país con 40% de pobreza y desempleo estructural. Detrás del discurso de innovación y libertad se esconde un modelo que precariza derechos laborales y concentra la riqueza en pocas manos tecnológicas. No se trata de eliminar puestos, sino de redistribuir las ganancias de la automatización.
Automatización sin red: el riesgo de una economía sin trabajadores 🤖
La tecnología de automatización, como la inteligencia artificial y la robótica, puede reemplazar tareas repetitivas en sectores como la manufactura y los servicios. Pero sin un marco de redistribución, como impuestos progresivos a las ganancias corporativas o un ingreso básico garantizado, el resultado es una concentración de ingresos en los dueños del capital. Países como Finlandia ya experimentan con rentas básicas para mitigar el desplazamiento laboral, algo que Argentina ignora.
El sueño húmedo de un CEO: robots que no piden aumento 💸
La idea de un empresario argentino promedio es tener una empresa sin sindicatos, sin paros y sin pedidos de aguinaldo. Con robots, claro, porque los humanos vienen con derechos laborales y eso arruina el margen de ganancia. El único problema es que esos robots no compran facturas ni alquilan departamentos, así que al final el mercado se reduce a un par de tipos mirando cómo un algoritmo produce empanadas que nadie puede pagar.