Mientras millones lidian con transportes públicos que parecen carromatos del siglo XIX, un fabricante lanza un capricho de 560.000 dólares para coleccionistas. La industria dedica recursos ingentes a estos juguetes de élite, ignorando que la mayoría necesita movilidad asequible y sostenible. Es el triunfo del despilfarro sobre la necesidad básica.
El coste de oportunidad de un capricho de ingeniería 🚌
Para fabricar esa joya de coleccionista se emplean aleaciones ligeras, fibra de carbono y motores de altas prestaciones. Cada unidad consume materiales que podrían servir para producir varios vehículos eléctricos de bajo coste. La investigación en aerodinámica y suspensión activa se aplica aquí, cuando el reto real es diseñar baterías duraderas para autobuses urbanos. La tecnología no falta, sobran las prioridades.
El coche de los sueños (de quien no paga el alquiler) 💸
Imagina la escena: un coleccionista guarda su joya en un garaje climatizado mientras tú esperas el autobús bajo la lluvia. Pero no te preocupes, ese coche genera titulares y alimenta foros. Es casi poético que un vehículo que apenas pisará el asfalto valga lo mismo que renovar la flota de un barrio entero. Ojalá algún día el lujo sea no tener que esperar el transporte público.