Los presidentes de Repsol y Naturgy han alzado la voz contra Bruselas, denunciando que las políticas climáticas europeas son un lastre para la competitividad. Señalan a China como el gran contaminador sin control mientras aquí nos atamos las manos. Sin embargo, conviene recordar que mientras ellos alertan de la desindustrialización, la factura de la luz no ha parado de escalar y sus beneficios se disparan. Una postura que, vista con perspectiva, suena más a defensa de sus márgenes que a preocupación por el consumidor.
El dilema tecnológico entre descarbonización y márgenes empresariales 🔥
El debate técnico se centra en la transición energética. Mientras Europa exige inversiones en renovables y reducción de emisiones, las grandes petroleras defienden mantener el gas como combustible de transición. El problema es que ese modelo, sin una regulación firme, permite a las empresas fijar precios en mercados marginalistas que encarecen la electricidad. La tecnología solar y eólica ya es más barata de producir, pero el sistema de casación de precios hace que paguemos el coste del gas, no el de las renovables. Ahí está la clave técnica del descontento.
Quejarse de China mientras se llenan los bolsillos, un clásico 💰
O sea, que los directivos de las energéticas están muy preocupados por la contaminación china. Tanto, que mientras denuncian la situación, sus empresas facturan récords. Es como si un camarero se quejara de que el cliente de al lado pide demasiadas raciones mientras él te sirve la cuenta más cara del menú. Claro, les preocupa la desindustrialización, pero solo si no pueden trasladar la producción a Marruecos. Que no te vendan la moto: quieren una Europa donde ellos pongan las reglas y los ciudadanos paguen la gasolina.