Hace unos 10.000 años, cuando el Sáhara era una sabana con lagos y ríos, una cultura llamada Kiffian dejó su huella en la región de Gobero, Níger. Estos humanos, de complexión robusta y estatura elevada, cazaban, pescaban y enterraban a sus muertos con rituales. Luego, el clima cambió, el desierto avanzó y ellos desaparecieron. Su legado genético es casi inexistente en las poblaciones actuales, un misterio que desconcierta a los antropólogos.
Herramientas y adaptación al Sáhara húmedo 🛠️
Los Kiffian desarrollaron puntas de lanza y arpones de hueso para cazar grandes peces y fauna como hipopótamos. Sus utensilios de piedra, hallados en contextos funerarios, muestran una técnica lítica avanzada para su época. La datación por carbono sitúa su auge entre el 8000 y el 6000 a.C. Sin embargo, su tecnología no incluye cerámica, algo inusual para culturas del Holoceno. Su adaptación al entorno lacustre fue eficaz, pero no suficiente para sobrevivir a la aridificación.
El misterio de los genes perdidos 🧬
Los Kiffian eran altos, fuertes y, al parecer, muy discretos con su ADN. Los análisis genéticos de restos óseos no encuentran rastros claros en los pueblos actuales del Sahel. Es como si hubieran entrado en el Sáhara, vivido su mejor época y luego se hubieran esfumado sin dejar el número de teléfono genético. O quizás los vecinos Tenerienses, más bajitos y con cerámica, les robaron el protagonismo en la fiesta neolítica.