Durante siglos, la tumba de Alejandro Magno fue un punto de peregrinación en Alejandría. Emperadores romanos como Julio César y Augusto visitaron el lugar para rendir homenaje al conquistador macedonio. Sin embargo, entre los siglos IV y VI d.C., el rastro del sarcófago se desvanece por completo. Las fuentes históricas se contradicen, y hoy su paradero es uno de los grandes misterios de la arqueología.
Escáneres de radar y mapas de búsqueda subterránea 🏛️
Las investigaciones modernas han usado tecnología de radar de penetración terrestre y tomografía sísmica para rastrear posibles cavidades bajo la ciudad de Alejandría. El problema es que el nivel freático y los cimientos de construcciones posteriores dificultan las lecturas. Equipos de la Universidad de Siwa han aplicado algoritmos de procesamiento de señales para filtrar el ruido del subsuelo urbano, buscando estructuras rectangulares de mármol que coincidan con las descripciones de las crónicas de Estrabón.
Spoiler: ni los saqueadores lo han encontrado 😅
Si hasta los expoliadores de tumbas de la antigüedad, que tenían GPS de pala y olfato para el oro, no dieron con el sarcófago, no esperes que un chico con un detector de metales lo encuentre en un fin de semana. Lo más probable es que Alejandro esté haciendo de cimiento para un edificio de apartamentos alejandrino, compartiendo piso con cañerías rotas y el vecino de arriba que siempre pone la música alta.