La última tragedia en un piso de alquiler vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: cientos de miles de viviendas antiguas funcionan con instalaciones eléctricas que son auténticas bombas de relojería. El sistema actual permite que un propietario ignore el estado de los cables durante décadas, mientras el inquilino paga religiosamente un alquiler por vivir en un polvorín. No hay inspecciones periódicas, no hay controles públicos, solo la fe en que el casero haya revisado el cuadro eléctrico este siglo.
Un sensor de temperatura en el cuadro eléctrico que avise antes del incendio 🔥
La tecnología IoT permite instalar sensores de temperatura y arco eléctrico en los cuadros de luz por menos de 30 euros. Estos dispositivos envían una alerta al móvil del inquilino y del propietario cuando un cable empieza a calentarse más de lo normal, mucho antes de que salte el fuego. Combinado con un programa de revisión subvencionada cada cinco años para viviendas anteriores a 1990, se podría reducir el 70% de los incendios de origen eléctrico. La alternativa es seguir esperando a que el contador salte por los aires.
El casero confía en que el espíritu santo proteja los cables de su piso 🙏
Según la lógica del mercado inmobiliario español, la seguridad eléctrica de una vivienda es cosa de la providencia. El propietario confía en que el cable de 1950 aguante un aire acondicionado portátil, el inquilino reza para que el diferencial no se funda al poner el microondas, y el gobierno espera que no pase nada hasta después de las elecciones. Un sistema tan sólido como un fusible de papel de plata. Milagrosamente, la mayoría de pisos no arden. Los que lo hacen, aparecen en los telediarios.