Salvador Illa pasó un mes fuera de juego por una grave infección. En ese tiempo, una huelga de maquinistas colapsó Rodalies, perdiendo 2,5 millones de usuarios, y otra de maestros paralizó las aulas. Pero el president se recuperó, y con apoyos de ERC y comunes logró aprobar los presupuestos. Junts, que tenía la oportunidad de desgastar al Govern, no supo aprovechar la crisis.
Cómo el caos logístico se disipó sin un plan B 🚆
La huelga de maquinistas dejó a Rodalies con un 40% de servicio y pérdidas millonarias. Los retrasos de hasta dos horas y las cancelaciones en hora punta se acumularon. Sin embargo, la falta de una oposición que capitalizara el descontento permitió que las negociaciones entre el Govern y los sindicatos se cerraran sin presión. El sistema volvió a la normalidad sin que se aplicaran cambios estructurales ni se hablara de inversiones a largo plazo.
La oposición que prefirió hacer punto muerto 📉
Junts tuvo un mes para hacer sangre con los trenes parados y las escuelas cerradas. Pero en lugar de eso, se dedicaron a debatir sobre si el president debería haberse tomado la baja médica por escrito o por WhatsApp. Al final, Illa volvió, firmó los presupuestos y hasta le dio tiempo a sonreír en la foto. La oposición, mientras, sigue buscando el botón de reset en su estrategia.