La reciente campaña de inspección de gafas para ver el eclipse ha sido un acierto de la administración. Sin embargo, esta medida deja al descubierto una contradicción evidente: el mismo Estado que se preocupa por nuestra retina durante diez minutos permite que las grandes cadenas vendan lentillas y gafas graduadas sin un control equiparable durante el resto del año. La protección ocular no debería ser un evento puntual.
Inspección técnica: del evento puntual al estándar diario 🔍
La normativa UNE-EN ISO 12312-1 para filtros solares es estricta, pero la comercialización de gafas graduadas y lentillas se rige por la Directiva 93/42/CEE sobre productos sanitarios, cuya fiscalización en el punto de venta es laxa. La solución técnica pasa por extender estos controles aleatorios al comercio óptico habitual. Esto implica verificar el marcado CE, la trazabilidad de los materiales y las tolerancias de graduación. Las sanciones para quienes incumplan la norma de salud visual deben ser claras y aplicarse de forma sistemática, no solo cuando el sol se oculta.
El ojo que todo lo ve... menos lo que vende la óptica 👁️
Es curioso: la administración moviliza recursos para que no nos queme la retina con un astro a 150 millones de kilómetros, pero deja que nos vendan lentillas caducadas en la tienda de la esquina. Parece que el Estado solo se acuerda de Santa Lucía cuando hay un eclipse en el telediario. Mientras tanto, el resto del año, nuestras córneas se juegan su salud al cara o cruz de la oferta del mes. Quizá lo siguiente sea inspeccionar los paraguas solo cuando llueve a cántaros.