La erosión de la Laguna ha pasado de ser un rumor a convertirse en una realidad que nos golpea la cara con arena y salitre. El agua retrocede, el terreno se desmorona y las construcciones cercanas empiezan a sentir el temblor. No es un problema nuevo, pero la falta de acción lo ha vuelto urgente. Mientras tanto, los vecinos miran cómo el paisaje se transforma sin permiso.
Tecnología contra el avance del desgaste costero 🌊
Para frenar este desastre, los ingenieros han propuesto soluciones como diques sumergibles y barreras de geotextil. La idea es desviar las corrientes y retener los sedimentos que el mar se lleva cada día. Se han usado modelos hidrodinámicos para predecir el comportamiento del oleaje, pero el presupuesto municipal no alcanza para ejecutar el plan completo. El resultado es un parche técnico que retrasa lo inevitable.
La solución definitiva: rezarle a Neptuno con un dron 🤖
Como el ayuntamiento no encuentra fondos, los vecinos han propuesto rifar un patinete eléctrico para comprar una máquina de hacer arena. También sugieren contratar a un influencer para que grite salven la laguna desde un barco de alquiler. Mientras tanto, el agua sigue su camino. Al paso que vamos, pronto la laguna será un recuerdo y podremos abrir un chiringuito en el cráter que deje.