Un estudio reciente revela que los trabajadores dedican 6,4 horas semanales a supervisar y corregir los fallos de la inteligencia artificial, una labor bautizada como botsitting. Lejos de liberar tiempo, la IA genera una carga invisible que ni se mide ni se compensa. Para el ciudadano, la promesa de una tecnología que simplifica la vida choca con la realidad de que añade trabajo no reconocido.
El coste oculto de delegar en algoritmos 🤖
El botsitting se ha convertido en una rutina en sectores como atención al cliente o análisis de datos. Los sistemas de IA generan respuestas incorrectas o sesgadas que requieren intervención humana constante. Un fallo en un chatbot puede escalar a un problema legal, mientras que un modelo predictivo mal calibrado exige correcciones manuales. Las empresas miden el ahorro en horas de trabajo, pero no contabilizan el tiempo que sus equipos dedican a reeducar a la máquina.
Ya no basta con hacer tu trabajo: ahora eres niñero de una IA 👶
Resulta que el futuro del trabajo no es una oficina con robots que te traen café, sino una sala donde le dices a la máquina que no, que el cliente no se llama Juan Pérez si puso María López. La IA prometía ser el empleado perfecto, pero al final tú eres el que tiene que limpiar sus meteduras de pata. Y sin plus de peligrosidad, claro. El verdadero ahorro sería que la IA corrigiera sus propios errores, pero mientras tanto, toca hacer de canguro digital.