La industria automotriz clama por ayudas públicas para que la gente compre coches eléctricos, pero evita hablar de la raíz del problema: salarios que no cubren ni un vehículo usado y un transporte público que desaparece. Es una jugada maestra: pedir dinero para vender más mientras se recortan autobuses y trenes. La verdadera solución no es abaratar el coche privado, sino construir una red de transporte colectivo que funcione para todos.
Tecnología selectiva: electrificar el privilegio, no la movilidad 🚆
El desarrollo técnico de baterías y motores eléctricos avanza a un ritmo vertiginoso, pero se aplica casi exclusivamente al vehículo privado. Mientras, la inversión en catenarias para trenes de cercanías o en electrificación de flotas de autobuses urbanos languidece por falta de presupuesto. La paradoja es clara: se investiga cómo hacer más eficiente un objeto que usan unos pocos, en lugar de aplicar esa misma tecnología para mover a millones con un menor coste energético y social.
El gran truco: que te compres un Tesla con tu sueldo de becario 💸
Vamos a ver, la idea es brillante: que el ciudadano medio, con una nómina que apenas llega a fin de mes, se saque de la chistera 30.000 euros para un coche eléctrico. Y si no puede, que pida un crédito. Mientras, el autobús que le llevaba al trabajo lo jubilan por falta de viajeros. Es como vender un airbag de lujo a quien vive en una montaña rusa sin cinturón. Pero tranquilos, que la industria ya ha pedido más subvenciones.