Antes solo la usaban informáticos; ahora analistas, comerciales y becarios la manejan a diario. Cinco millones de usuarios semanales y la cifra no para de crecer. Dashboards, procesamiento de datos, automatización de tareas sin una línea de código. Suena a paraíso oficinista. Pero mientras tú aprendes a usarla, tu jefe calcula cuántos de vosotros sobran.
Democratización técnica con trampa 🤖
La promesa es clara: cualquiera puede crear flujos de trabajo complejos sin tocar código. Interfaces visuales, modelos preentrenados y asistentes conversacionales permiten a un comercial generar informes que antes requerían un equipo de datos. El problema no es la tecnología, sino la lógica empresarial. Si una persona hace el trabajo de cinco, la empresa no te premia con más tiempo libre. Te premia con el despido de cuatro compañeros.
El becario que nunca duerme ni pide café ☕
Lo llaman asistente inteligente, pero parece más bien ese compañero eficiente que nunca se queja, no pide aumento y trabaja 24/7. Lo peor es que no tiene síndrome del impostor. Tú, en cambio, te pasas el día fingiendo que controlas la herramienta mientras ella te va comiendo el terreno. Al final, el único que aprende rápido eres tú: a redactar el currículum.