La Gran Esfinge de Guiza guarda un secreto bajo su desgastada superficie. Un grupo de geólogos sostiene que las marcas verticales en su cuerpo no son producto del viento del desierto, sino de siglos de lluvias torrenciales. Esta hipótesis desafía la cronología oficial, sugiriendo que la estatua pudo construirse miles de años antes de lo que creemos.
El análisis geológico que reescribe la historia 🏛️
El debate se centra en el patrón de erosión. Robert Schoch, geólogo de la Universidad de Boston, argumenta que las hendiduras en el recinto de la Esfinge son típicas de la erosión hídrica, no eólica. Este tipo de desgaste requeriría un clima mucho más húmedo, similar al del Norte de África entre el 10.000 y el 5.000 a.C. Si su teoría es correcta, la datación de la obra se retrasaría hasta la última Edad de Hielo.
Spoiler: los egiptólogos no están muy contentos 😅
Mientras los geólogos señalan las marcas de lluvia, los egiptólogos miran sus manuales y fruncen el ceño. Parece que la Esfinge lleva 4.500 años sin dar explicaciones y ahora resulta que podría tener el doble de edad que las pirámides. Lo peor es que si seguimos excavando, igual descubrimos que el gato de piedra también sabe programar en Python.