Publicado el 19/06/2026 | Autor: 3dpoder

Imprimen capilares sanguíneos en 3D: un paso hacia órganos artificiales

Científicos de las universidades de Notre Dame y Harvard han desarrollado un método para imprimir en 3D redes de vasos sanguíneos del tamaño de capilares humanos. La técnica, que combina dos tecnologías de impresión, resuelve un problema central en medicina: cómo mantener vivas las células en tejidos gruesos. Para la ciudadanía, esto allana el camino hacia órganos artificiales funcionales y pruebas de medicamentos más realistas.

Close-up cinematic engineering visualization of a bioprinter nozzle depositing translucent red capillary network layer by layer onto a transparent hydrogel scaffold, living cells suspended in bio-ink forming branching microvessels during the printing process, two laser-assisted print heads working in tandem, one extruding hydrogel support material while the other lays down endothelial cell-laden filaments, soft blue ambient backlighting illuminating the intricate vascular tree structure, photorealistic technical illustration with extreme macro detail, droplets of nutrient fluid diffusing from printed capillaries into surrounding tissue matrix, sterile laboratory environment with robotic arm and digital control panel in soft focus background

Dos cabezales son mejores que uno: la técnica detrás del avance 🧬

El equipo usó una impresora que integra la fotopolimerización por dos fotones con la impresión por extrusión. La primera permite crear canales de precisión micrométrica, imitando la escala de los capilares reales. La segunda deposita un hidrogel con células vivas alrededor de esos canales. El resultado es una estructura que permite el flujo de nutrientes y oxígeno, manteniendo viables las células en el interior del tejido. Este método evita que el centro de una construcción tridimensional se convierta en una zona muerta.

Adiós a los tejidos que morían de hambre en el laboratorio 🔬

Hasta ahora, hacer un tejido grueso en 3D era como construir un edificio sin tuberías: bonito por fuera, pero invivible por dentro. Las células del centro se morían de asfixia mientras las de fuera se daban un festín de medio de cultivo. Este nuevo método pone fin a esa injusticia celular. Ahora solo falta que alguien imprima un hígado funcional para dejar de pedirle al páncreas que haga horas extra. Mientras tanto, los científicos pueden celebrar que sus mini-órganos ya no se convertirán en mini-tumbas.