El Instituto de Biomecánica de Valencia, junto a AIDIMME y AIJU, anuncian un proyecto para fabricar prótesis y férulas a medida con impresión 3D. La noticia suena a promesa de sanidad del futuro, pero el ciudadano paga impuestos para que estos centros tecnológicos publiquen estudios mientras los productos reales nunca aterrizan en la sanidad pública. La burocracia española y la falta de homologación convierten el avance en un espejismo.
Prototipos de laboratorio que no salen del papel 🧪
La tecnología existe: escaneo 3D del paciente, diseño paramétrico y fabricación aditiva con filamentos biocompatibles. Sin embargo, el proceso se detiene en la fase de pruebas de concepto. Mientras en hospitales de Alemania y EE.UU. se imprimen férulas en el mismo quirófano, aquí los centros tecnológicos viven de subvenciones europeas para generar papers. La homologación sanitaria, con sus plazos interminables, convierte cada proyecto en un bucle de financiación sin destino clínico.
Mientras, el paciente espera sentado (con su férula de escayola) 🪑
Lo curioso es que, mientras los investigadores publican en revistas científicas, las empresas privadas se llevan el mérito y venden las pocas férulas que llegan al mercado a precio de oro. El sistema funciona así: pagamos con impuestos el I+D, y luego compramos el producto final a precio de obra de arte. Mientras tanto, el paciente sigue con su férula de yeso del siglo XIX. Avance tecnológico, sí, pero para el bolsillo de unos pocos.