La inteligencia artificial avanza y con ella crece un temor práctico. No hablamos de máquinas rebeldes, sino de jóvenes sin ingresos. Si un estudiante o recién titulado no encuentra trabajo, su suscripción mensual a ChatGPT o Midjourney se vuelve un lujo. El verdadero filtro no es la capacidad técnica, sino el saldo de la cuenta bancaria.
El modelo de negocio choca con la precariedad laboral 💸
Las empresas de IA como OpenAI o Anthropic basan su rentabilidad en suscripciones recurrentes. Un plan premium cuesta entre 20 y 200 dólares al mes. Para un joven en paro o con trabajos temporales, ese gasto compite con el alquiler o la comida. La paradoja es evidente: necesitas usar la herramienta para ser competitivo en el mercado laboral, pero sin trabajo no puedes pagarla. Algunos recurren a versiones gratuitas limitadas, pero la brecha de acceso se amplía.
Pronto pedirán el CV para pagar la cuota 🔄
El futuro es brillante: las máquinas harán el trabajo y los humanos pagaremos por hablar con ellas. Si no tienes empleo, la IA te dará consejos para encontrar uno, pero solo si le pagas la suscripción. Es como el perro que se muerde la cola, pero con tarjeta de crédito. Lo próximo será que OpenAI pida una nómina como aval. Mientras tanto, toca elegir entre comer o chatear con el asistente.