La artista Louise Vo Tan ha devuelto a la vida las joyas de la corona francesa que fueron robadas del Louvre en 1831. Pero no las ha encontrado en ningún sótano polvoriento. Las ha recreado como hologramas a partir de imágenes y grabados históricos realizados antes del hurto. La exposición se ubica en el antiguo edificio del faro de Port-Coton, un lugar que combina la luz del mar con la luz de los proyectores.
Cómo la técnica convierte grabados antiguos en luz 💡
Para lograr el efecto, Vo Tan usó software de modelado 3D basado en dibujos y descripciones de archivo. Cada gema, engarce y detalle de filigrana fue reconstruido digitalmente. Luego, un sistema de proyección con láseres y pantallas de malla fina genera los hologramas en el espacio vacío del faro. El resultado son piezas que flotan sin soporte físico, visibles desde varios ángulos. No se necesita gafas especiales, solo mirar hacia la luz.
Al menos estos no se los llevará nadie 🔒
La ventaja de exponer joyas hechas de luz es que nadie puede meterlas en un bolsillo. Si alguien intentara robarlas, solo conseguiría llevarse un haz de fotones. Y si se funde un proyector, siempre se puede reiniciar el ordenador. Algo que no pudieron hacer los guardias del Louvre en 1831, cuando los ladrones se llevaron las piezas originales sin dejar ni un destello. Ahora la luz sí está vigilada.