Hollowbody aterriza en el mercado como un homenaje directo al terror de los 90, rescatando la estética poligonal y las texturas borrosas de la primera PlayStation. Pero no todo son buenos recuerdos: el juego replica también sus controles torpes y una cámara que a veces parece tener vida propia. Para quienes busquen revivir esa época, la experiencia es genuina; para los que esperen algo pulido, la frustración está asegurada.
Cómo los límites técnicos definen su jugabilidad 🎮
El motor gráfico imita fielmente las limitaciones de la PS1, con polígonos reducidos y ausencia de sombras dinámicas. Sin embargo, esa decisión estética choca con una jugabilidad que arrastra problemas de diseño de la época: los controles de tanque y los cambios bruscos de ángulo de cámara entorpecen la navegación. La iluminación plana y los fondos prerrenderizados intentan crear atmósfera, pero a menudo esconden obstáculos que el jugador no ve hasta que choca contra ellos.
El mando se convierte en tu peor enemigo 🕹️
Si sobrevivir a zombis o criaturas ya es difícil, Hollowbody añade el reto extra de luchar contra tu propio mando. Los controles responden como si el personaje llevara zapatos de plomo y la cámara decide, por su cuenta, que el mejor momento para cambiar de plano es justo cuando un monstruo te muerde el cuello. Es el tipo de nostalgia que te hace recordar por qué en los 90 también maldecías a la pantalla.