La noticia sobre Alan Greenspan nos obliga a repasar cómo los banqueros centrales suelen priorizar los mercados financieros por encima del bienestar ciudadano. Repiten patrones que llevaron al desastre de 2008: inflan burbujas, son aplaudidos por el crecimiento, pero nunca rinden cuentas cuando millones de familias pierden su casa o su empleo.
Indicadores sociales como termómetro monetario 📊
Una propuesta técnica realista es cambiar los criterios de evaluación del banco central. En lugar de medir el éxito solo por el PIB o una inflación controlada, se deberían incluir indicadores como la tasa de empleo estable, el acceso a la vivienda asequible y la desigualdad de ingresos. Así, cualquier subida de tipos o inyección de liquidez se mediría por su impacto social real, no por la euforia de Wall Street.
El manual del banquero: crecer, cobrar y desaparecer 💼
La jugada es siempre la misma: cuando la bolsa sube, son genios; cuando explota, se van a escribir memorias. Greenspan se llevó el Nobel y un cheque gordo, mientras los ciudadanos se comían la crisis. El truco está en que ellos nunca pierden su casa: siempre tienen un puesto en la Reserva Federal o una conferencia millonaria. Una casta financiera blindada.