Google se comprometió a reponer más agua de la que consumen sus centros de datos para 2030. Sin embargo, en 2024 apenas alcanzó el 64% de reposición. La inteligencia artificial dispara la demanda hídrica en regiones con escasez, generando desconfianza entre comunidades que ven cómo el progreso tecnológico se bebe sus recursos.
El coste oculto de entrenar una IA 💧
Cada consulta a un modelo de lenguaje como GPT consume unos 10 mililitros de agua para refrigerar los servidores. Un proceso de entrenamiento masivo puede requerir millones de litros. Google usa sistemas de enfriamiento evaporativo y reciclaje interno, pero el aumento de carga de trabajo por la IA duplica el consumo año tras año. La tecnología avanza, pero el agua no da abasto.
El milagro de la multiplicación del agua 🌊
Google dice que para 2030 será como Moisés partiendo el mar, pero devolviendo el agua. Por ahora, el 36% restante se lo ha bebido la IA, que debe estar muy sedienta de datos. Mientras tanto, los vecinos de las zonas secas miran sus grifos y piensan: ojalá la nube soltara un poco de lluvia de verdad.