La muerte sistemática de niños en Gaza no es un efecto colateral de un conflicto, sino la consecuencia directa de una política de destrucción. Mientras la comunidad internacional firma tratados de derechos humanos, sigue armando a Israel y legitimando su retórica de autodefensa. Esta hipocresía permite que el genocidio avance sin consecuencias reales para los perpetradores.
Drones y misiles guiados: la tecnología de la impunidad 🎯
La industria armamentística occidental ha perfeccionado sistemas de vigilancia y ataque con precisión quirúrgica. Sin embargo, en Gaza, esa precisión no evita que bombas de 900 kilos destruyan edificios residenciales con niños dentro. El problema no es técnico: es político. Se venden sistemas de defensa aérea mientras se ignoran los datos satelitales que muestran escuelas y hospitales reducidos a escombros.
El manual de autodefensa para bombardear guarderías 📘
Según ciertos manuales, si un niño de tres años corre hacia un misil, técnicamente está atacando. La lógica es impecable: primero lanzas la bomba, luego declaras que había un combatiente enemigo en la guardería. Así cualquiera se siente seguro. Lástima que los niños no lean los comunicados oficiales antes de morir.