Francia aprobó una ley para prohibir los PFAS, los químicos eternos presentes en cosméticos y ropa, pero seis meses después la norma no se aplica. La autoridad antimonopolio carece de recursos para inspecciones masivas, dejando a los fabricantes sin control efectivo. El problema persiste.
La tecnología de detección choca con la falta de recursos 🧪
Los PFAS requieren equipos como cromatógrafos de masas para su detección en tejidos y cremas, un proceso caro y lento. Sin un plan de inspección sistemático, las empresas pueden seguir usando estos compuestos sin temor a multas. La ley avanza en el papel, pero la logística técnica para vigilarla no se ha implementado. La industria cosmética y textil, con cadenas globales, complica aún más el rastreo.
La ley anti-PFAS: más eterna que los químicos que prohíbe ⏳
Los PFAS duran siglos en el ambiente, pero la ley francesa está batiendo récords: lleva seis meses sin aplicarse. Parece que los químicos eternos encontraron un aliado inesperado en la burocracia. Mientras tanto, los fabricantes deben estar celebrando: no hay inspecciones, no hay multas, solo una norma que, como los PFAS, no desaparece pero tampoco actúa.