Por primera vez en 2025, Francia registró más cierres que aperturas de librerías. La caída del hábito lector y un apoyo público inferior al que reciben el cine, la prensa o la música han dejado a estos negocios contra las cuerdas. Para los ciudadanos, esto significa menos acceso a libros y a la cultura local, un síntoma de que la lectura necesita más respaldo institucional.
La tecnología como aliada y enemiga del librero tradicional 📚
Mientras las plataformas de streaming y los algoritmos de recomendación acaparan la atención, las librerías físicas compiten con desventaja técnica. El comercio electrónico y los lectores digitales ofrecen inmediatez, pero carecen del valor del asesoramiento personal. Algunas librerías francesas han adoptado sistemas de pedido online y catálogos digitales para sobrevivir, aunque la inversión en software de gestión y marketing sigue siendo limitada frente a los gigantes tecnológicos.
Solución: que el gobierno regale un libro con cada café ☕
Si el cine recibe subvenciones y la prensa ayudas directas, ¿por qué no darle a las librerías el mismo trato? Propongo un plan de choque: que el estado regale un libro de bolsillo con cada café comprado en una librería. Así, al menos, la gente entraría a preguntar por el wifi gratis o a cargar el móvil. El olor a papel impreso ya no vende, pero un café caliente y un descuento en el bestseller de turno podrían salvar el negocio. O no.