Volkswagen, Stellantis y Renault han pedido a la Unión Europea que exija que el 70% de los coches vendidos en la región se fabriquen localmente. La medida busca frenar la caída de 3 millones de ventas anuales respecto a 2019, golpeadas por la pandemia, la crisis energética y la competencia china. El objetivo es salvar empleos en las fábricas europeas, aunque a costa de limitar las importaciones baratas que hoy alivian el bolsillo del ciudadano.
La producción local como escudo contra la dependencia tecnológica 🏭
La propuesta no es solo política, sino técnica. Exigir un 70% de producción local obliga a las marcas a mantener líneas de ensamblaje en Europa, lo que implica sostener cadenas de suministro cortas y reducir la dependencia de componentes asiáticos. Sin embargo, esto choca con la realidad: los costes laborales y energéticos en Europa son más altos. Para cumplir, los fabricantes deberán automatizar procesos y optimizar logística, pero el sobrecoste final se trasladará al precio del vehículo.
Alemania pide proteger sus fábricas, pero el bolsillo del conductor llora 💸
Así que, resumiendo: los gigantes del motor quieren que compres coches hechos en Europa para salvar sus nóminas, pero sin decir que esos coches subirán de precio como la espuma. Mientras tanto, el ciudadano medio sueña con un Dacia barato fabricado en Marruecos y se encuentra con que la UE le ofrece un Volkswagen fabricado en Wolfsburg con sobrecoste de crisis energética. Proteccionismo sí, pero que no toquen el precio del pan, digo, del coche.