La prensa europea se ha convertido en esa vecina que critica el polvo en la casa de enfrente mientras su cocina acumula grasa. Dedican portadas enteras a señalar la gestión de otros países, pero evitan mirar sus propios problemas estructurales. Mientras tanto, en casa, la burocracia crece y la transparencia mengua.
Ciegos digitales: cuando el software público es un ascensor roto 🛗
La administración europea gasta millones en sistemas heredados que funcionan con la misma solidez que una escalera de caracol sin barandilla. Proyectos de digitalización que prometen eficiencia terminan en sobrecostes y plazos incumplidos. Mientras tanto, los ciudadanos rellenan formularios en papel y esperan semanas por un certificado que un algoritmo podría generar en segundos. El código fuente sigue siendo un misterio.
El presidente de la comunidad se sube el sueldo y nadie pide facturas 💶
Lo curioso es que estos mismos periódicos exigen auditorías a gobiernos extranjeros, pero cuando el parlamento local se vota una subida de dietas, el silencio es sepulcral. Parece que el periodismo de investigación funciona como el wifi del edificio: perfecto para ver Netflix en casa del vecino, pero incapaz de cargar la página de la comunidad de propietarios.