España, Francia y otros cinco países han presionado a la UE para mantener firme la fecha de 2035 como fin de los coches de combustión. La excusa oficial es reducir la dependencia de los combustibles fósiles y fortalecer la industria local. Sin embargo, el verdadero interés es blindar a los grandes fabricantes que ya invirtieron en eléctricos, eliminando la competencia de modelos de combustión más baratos y del mercado de segunda mano.
Infraestructura de recarga: la promesa que no llega a los barrios 🔋
Para 2035, la red de recarga no estará operativa en zonas rurales ni en ciudades sin garaje propio. Instalar un punto de carga en un bloque de pisos antiguos requiere obras costosas que pocas comunidades asumen. Mientras tanto, los fabricantes europeos presionan para que no se permitan híbridos enchufables, ya que estos compiten directamente con sus plataformas eléctricas puras. El resultado es un mercado cautivo donde el ciudadano común no podrá pagar un eléctrico nuevo y verá cómo se encarecen incluso los coches de combustión usados.
Adiós gasolina, hola deuda: el plan perfecto para tu bolsillo 💸
La jugada es tan sutil que casi parece magia: prohibir lo que no puedes pagar para obligarte a comprar lo que aún no existe. Los fabricantes europeos, que llegaron tarde a la fiesta híbrida, han decidido que mejor la cancelan. Así, de paso, se libran de la competencia asiática y de los coches baratos de segunda mano. El ciudadano, mientras, podrá elegir entre un eléctrico que no cabe en su calle o un usado de combustión con precio de oro. Todo sea por salvar el planeta de los coches que la gente sí puede comprar.