Alumnos de Formación Profesional en Jaén han desarrollado prótesis fabricadas con impresión 3D y una aplicación para el bienestar emocional. El proyecto busca ayudar a personas con discapacidad y problemas de salud mental. Sin embargo, detrás del titular solidario hay una realidad menos luminosa: estos trabajos de fin de curso, financiados con fondos europeos, carecen de homologación sanitaria y de controles de calidad básicos.
Prótesis sin biocompatibilidad y una app que ya existía 🧐
Las prótesis impresas utilizan materiales no biocompatibles, lo que impide su uso en pacientes reales por riesgo de infecciones o rechazo. No han pasado ninguna certificación sanitaria. En paralelo, la aplicación de bienestar emocional es una versión rudimentaria de herramientas de terapia cognitiva que circulan gratis en el mercado desde hace años. Los estudiantes presentan estos prototipos como innovación para aprobar la asignatura, mientras los profesores inflan su importancia para justificar horas de investigación.
El postureo tecnológico salva el curso, pero no al paciente 😤
La prensa local publica estas buenas noticias para llenar páginas sin contrastar la utilidad real. Mientras, el ciudadano con discapacidad sigue sin prótesis funcionales y el de salud mental ya tiene apps mejores. La solidaridad estudiantil es loable, pero no soluciona problemas sistémicos. Al final, el sistema educativo premia el postureo: tú te quedas con la sonrisa de la foto y ellos con el aprobado. Eso sí, los fondos europeos, bien gastados.