España suma 13 millones de habitantes desde 1970 y su economía se ha multiplicado por 38. Sin embargo, esa riqueza no se traduce en el día a día del ciudadano. Alquileres imposibles, listas de espera interminables y colegios saturados son la cara visible de un desarrollo que prometía prosperidad pero reparte las migajas. El PIB sube, pero la factura de la luz también.
El algoritmo del crecimiento que no computa para todos 🤖
Mientras los indicadores macroeconómicos marcan récords, la tecnología de reparto de recursos parece tener un bug. Las plataformas digitales de servicios públicos, diseñadas para agilizar trámites, chocan con una burocracia obsoleta que convierte una cita médica en una odisea de varios meses. La inteligencia artificial optimiza las rutas de los repartos de Amazon, pero no logra reducir las colas del paro. El sistema avanza en datos, no en soluciones tangibles.
El truco de magia del PIB: crece, pero se esconde 🎩
Verás, el truco consiste en que el dinero crece hacia arriba, como un globo de helio, mientras nosotros tiramos del hilo con la compra de la semana. Los políticos nos repiten que España va bien, y tienen razón: va bien para el que cobra el alquiler, no para el que lo paga. Es como ese amigo que presume de su coche nuevo mientras te pide para el bus. El país avanza, pero el ciudadano se queda en el andén viendo pasar el tren. Y sin billete de vuelta.