La fragata española Mercedes fue hundida en 1804 por los británicos frente a la costa de Portugal. En 2007, la empresa Odyssey Marine Exploration extrajo 17 toneladas de monedas de plata y oro, desatando un litigio que devolvió el cargamento a España. Sin embargo, la mayor parte del patrimonio histórico del pecio, incluyendo objetos personales y piezas de valor arqueológico, permanece dispersa o inaccesible en las profundidades del océano.
La tecnología que dejó el tesoro a medias 🛠️
Los sistemas de sonar de barrido lateral y los ROV utilizados en 2007 permitieron localizar el pecio a más de 1.100 metros de profundidad. La recuperación se centró en las monedas visibles en la superficie del sedimento, pero no se realizó una excavación sistemática del sitio. Los restos orgánicos, la madera del casco y los objetos de uso cotidiano de la tripulación yacen bajo capas de lodo. Sin una intervención arqueológica controlada, esos materiales se degradan lentamente por las corrientes y la actividad biológica.
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Mientras los museos exhiben las monedas rescatadas, el resto del cargamento sigue haciendo turismo de fondo marino sin pagar impuestos. Los restos de la Mercedes parecen haberse convertido en un piso compartido donde conviven cangrejos, esponjas y lingotes de estaño. Si alguien quiere montar una expedición para rescatar los botones de los uniformes de los marinos, que sepa que la factura del combustible sale más cara que el propio botón.