El Gobierno español solicitó en 2023 que el catalán, euskera y gallego fueran lenguas oficiales en la Unión Europea. Un año después, la propuesta no ha vuelto a la mesa de debate. La falta de unanimidad entre los países miembros ha congelado el proyecto, que para la ciudadanía se traduce en un reconocimiento europeo estancado sin fecha de reactivación.
La burocracia europea y su lentitud como sistema operativo 🐢
Desde un punto de vista técnico, la ampliación del régimen lingüístico de la UE requiere modificar el reglamento 1/1958, que exige unanimidad del Consejo. Cada nuevo idioma implica traducir 24 lenguas oficiales a tres más, multiplicando costes y recursos de interpretación. Los sistemas de traducción automática y las bases de datos jurídicas necesitarían actualizaciones complejas. Sin embargo, el verdadero cuello de botella no es tecnológico, sino político: otros Estados miembros consideran que el expediente no es prioritario frente a crisis energéticas o de seguridad.
Mientras, el traductor de Google ya habla catalán sin pedir permiso 🤖
La ironía del asunto es que, mientras los diplomáticos discuten si el catalán merece un asiento en Bruselas, cualquier turista puede pedir un café en catalán gracias a Google Translate. La tecnología no espera a los políticos. El euskera y el gallego también están en aplicaciones de idiomas, aunque sin el sello oficial de la UE. Quizás el problema no sea técnico, sino que a algunos países les da pereza añadir tres filas más a su hoja de cálculo de traducciones.