El libro El serigrafista del boom, premiado en 2025, desvela la historia de Salvador Magallón, el artista que creó los icónicos banderines turísticos de Mallorca en los años 60 y 70. Sus diseños mostraban un paraíso idílico de calas vírgenes y cielo azul, mientras el ladrillo y el asfalto devoraban el territorio. Una crónica de cómo la imagen vendió una isla que ya no existía.
De la serigrafía artesanal a la producción en masa 🖨️
Magallón trabajaba con técnicas de serigrafía manual, usando tintas planas y tramas de puntos para reproducir paisajes en telas de algodón. Cada banderín requería varios fotolitos, uno por color, y un registro preciso en la mesa de impresión. La demanda turística creció tanto que pasó de tiradas de cien unidades a miles, optimizando procesos con secadores industriales y emulsiones fotosensibles. Su taller se convirtió en una pequeña fábrica que alimentaba el sueño de un paraíso que el desarrollismo estaba borrando.
El paraíso de postal que se construyó con hormigoneras 🏗️
Lo más divertido del asunto es que mientras Magallón estampaba calas solitarias y pinos centenarios, las grúas ya estaban plantando hoteles donde antes solo había dunas. Los turistas compraban el banderín con la playa virgen justo cuando el Ayuntamiento aprobaba la licencia para un bloque de apartamentos. Vamos, que el souvenir mostraba lo que ya no se podía ver. Ironías del boom: el cartel del paraíso se vendía mientras el paraíso se derrumbaba.