En 1966, un profesor de inglés de Cartagena llamado Juan Carrión viajó hasta Almería con una petición directa a John Lennon: que los Beatles incluyeran las letras de sus canciones en los discos. No lograba descifrarlas al oído para enseñarlas en clase. Lennon aceptó, y el Sgt. Pepper s fue el primero en hacerlo. Desde entonces, la industria musical adoptó esta práctica para siempre.
La innovación técnica detrás de un folleto de papel 🎵
Antes de 1967, las letras eran un misterio. La impresión de las canciones en la funda del vinilo supuso un cambio logístico para las discográficas: requería sincronizar la edición del disco con la aprobación de los textos, un proceso manual y sujeto a errores de transcripción. Hoy, servicios como Spotify o Apple Music integran las letras en tiempo real mediante metadatos sincronizados, pero el germen fue aquella hoja doblada a cuatro caras.
Juan Carrión, el santo laico de los karaokes 🎤
Sin este profesor, millones de personas seguirían cantando Yesterday con sonidos guturales sin sentido. Carrión no solo salvó a los estudiantes de inglés de la época, sino que allanó el camino para que cualquiera, en una fiesta de empresa, pueda destrozar Bohemian Rhapsody con la letra delante. Un héroe anónimo que, probablemente, no cobró ni un céntimo por su genial idea.