La reciente propuesta para reducir el IVA en Baleares destapa una doble vara de medir. Canarias goza de un régimen fiscal especial por su condición insular, mientras que los mallorquines pagan más por el mismo contexto geográfico. Esta contradicción no es un capricho administrativo, sino el reflejo de una falta de voluntad política para tratar la insularidad como un factor real de desigualdad. La solución no requiere inventar nada, solo aplicar justicia tributaria.
La insularidad como variable técnica en la fiscalidad diferencial ⚖️
Desde un punto de vista técnico, la insularidad introduce costes logísticos y de mercado que justifican un tratamiento fiscal diferenciado. Canarias aplica un IGIC con tipos reducidos y bonificaciones al transporte, mientras Baleares soporta el IVA general del 21%. La diferencia no es técnica, sino política. Implementar un IVA reducido en Baleares requeriría modificar la Ley del IVA, pero el mecanismo ya existe: el REF canario demuestra que es viable. El obstáculo no es legal, es la falta de voluntad para equiparar condiciones entre territorios con un mismo problema estructural.
El IVA balear: cuando pagar más es el precio de no tener un volcán 🌋
Al parecer, el Gobierno central considera que la insularidad solo merece descuento fiscal si vienes con un volcán de regalo o te llamas Santa Cruz de Tenerife. Para los mallorquines, el privilegio es pagar el mismo IVA que en Madrid, pero con la gasolina más cara de Europa y un billete de avión que cuesta como un vuelo transoceánico. La propuesta de bajar el IVA no es un capricho; es pedir que el Estado deje de tratar a Baleares como el primo pobre al que se le exige pagar la cena completa mientras otros comen de gratis.